septiembre 09, 2012

A Scene at the Sea (Ano natsu ichiban shizukana umi) - Takeshi Kitano




Magnífica obra escrita y dirigida por el incansable Takeshi Kitano en el año 1991, y protagonizada por Claude Maki y Hiroko Ôshima. Para quienes no han visto esta película del maestro, pero sí las de acción yakuza, existen dos posibilidades: la primera, que se desilusionen al no encontrar lo mismo; y la segunda, emocionarse y enamorarse -como yo- de esta historia.

El encargado del soundtrack es Joe Hisaishi, quien acá trabaja por primera vez con el director, en un bello romance que no pararía hasta la cración de la banda sonora para la película "Dolls", del año 2002.

Nos encontramos ante una película minimalista para una historia en apariencia no muy compleja; casi no hay diálogos, y cuando los hay carecen de importancia, por lo que los no acostumbrados se podrían asustar. Pero no se equivoquen, acá lo realmente importante es la relación que se da entre la pareja protagonista. Una simbiosis llena de sutilezas como sólo Kitano sabe hacer, como el hecho de que ellos no hablen ni con señas, sólo con sonrisas cómplices; miradas comprensivas y melancólicas; y con compañía  a prueba de todo, incluso en ciertos momentos de celos. 

Shigueru (Maki) es un joven sordomudo que trabaja en la recolección de basura; tiene una relación con Takako (Ôshima), una joven que está en todas con él, y que probablemente lo seguiría a cualquier lado. La situación del protagonista lo ha condicionado en la interacción con el resto del mundo, pero no en la relación con su compañera. Rara vez Shigueru sonríe, es como si algo le faltara, no por su discapacidad ni por alguna carencia en su relación, sino por no haber tenido nunca la oportunidad de hacer algo por él que realmente lo haga sentir uno con la naturaleza; esto cambia cuando, trabajando, encuentra una tabla de surf rota, y hace lo imposible para repararla artesanalmente, hasta que se compra una nueva.

Lo que para muchos sería sólo un pasatiempo, para Shigueru se convierte en una verdadera obsesión con este deporte, pues deja de trabajar para practicar varias horas al día (incluso a veces va a trabajar con el traje para sufear), comenzando desde cero y de manera autodidacta, siempre bajo la atenta y casi maternal mirada de Takako. En este verdadero viaje, los dos jóvenes, pasarán de ser dos inadaptados, que sólo se tienen el uno al otro, a interactuar con otras personas, haciendo amistades, y encontrando en cada lugar al que van algún personaje que les tienda una mano. 

Durante toda la historia hay situaciones en las que no se nos explica ni el cómo ni el porqué, sólo están ahí como un reto del director para que saquemos nuestras propias conclusiones...incluso en el final, no esperable para la mayoría, aunque sí imaginable para los conocedores del cine de Kitano. Sin duda, los protagonista pasan el mejor verano de sus vidas, y ni siquiera el desenlace quiebra lo que conocieron ese verano, el más calmo océano.



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septiembre 06, 2012

Lago Llanquihue

Lago Llanquihue by navirelover
Lago Llanquihue, a photo by navirelover on Flickr.
Hermosa panorámica del Lago Llanquihue, en la ciudad de Puerto Varas. Una linda postal capturada en octubre del año pasado.

A través de Flickr:
Puerto Varas.

septiembre 04, 2012

Fuck the Police!


De un tiempo a esta parte, ando rompiendo las reglas y metiéndome en problemas con la ley.

septiembre 01, 2012

Terrores nocturnos


A raíz de la aparición en mi vida del excelente proyecto del gran guitarrista Luke Jaeger, Sleep Terror, comencé a recordar episodios de mi infancia referentes al momento de irme a la cama. La relación es casi obvia, pues los títulos de sus temas (aunque  sean instrumentales), casi en su totalidad, son de algunas situaciones que guardan relación con alguno temores existentes o creados en la mente de Jaeger, y que al momento de ir a dormir salen a la luz -o a la oscuridad-. 

Ya no recuerdo por qué, en cierto período de mi niñez (tampoco me acuerdo con exactitud de mi edad) , creo que pudo haber sido entre los 8 y los 11 años, experimenté una serie de horrores temores, que solamente se hacían presente cuando se acercaba la hora de dormir. Durante el resto del día mi vida era como la de cualquier niño a esa edad -en esos tiempos-...ir al colegio; jugar con mis legos; jugar a la pelota; jugar con mis autos a escala; dibujar; algo de lectura y ver algo de tv. Por todo lo anterior, podía pasar todo el día con mi  mente ocupada en cosas agradables, pero lamentablemente siempre terminaba el mismo de muy mala manera. Me costaba mucho quedarme dormido, pero lo peor venía cuando lo lograba. Una pesadilla tras otra se sucedían día tras día. Eran temas recurrentes la muerte de familiares y asaltos a la  casa; sin embargo, lo que causaba mayormente en mí un terror indescriptible eran las imágenes de lo que ahora asocio a extraterrestres. En aquella época, mi idea de estos seres era la imagen caricaturesca que todos -o la mayoría de nosotros- conocemos: seres pequeños y delgados, de color verde o blanco, con grandes y negros ojos; en cambio los seres con los que soñaba eran ridículamente altos y de contextura atlética, con un rostro muy extraño que parecía no tener facciones, y que con su completa falta de expresividad podrían haber causado algún tipo de angustia en cualquier persona. Parecía que no hablaban, pues hablaban directamente en mi cabeza...tiempo después sabría que eso era algo así como telepatía.

Aunque siento un poco de temor, me gustaría poder recordar lo sucedido en los sueños, pues es algo que al haber vuelto a mí me tiene un poco intranquilo...puede haber muchas explicaciones lógicas para lo que me sucedía -por supuesto las hay-, pero también en mi cabeza hay otras que no son tan lógicas, y esas son las que perturban mi mente. Tal vez lo más prudente sea seguir convenciéndome de que eran sólo eso...sueños que me hacían despertar llorando, gritando, con mucho frío, y en muchas ocasiones despertar por el golpe que me daba al caerme  de la cama (es conveniente creer que me caía). 

En innumerables ocasiones, cuando el miedo era demasiado insoportable -imagínense lo que  debe ser para un niño no saber si el terror que acaba de experimentar fue real o una "simple" pesadilla-, no volvía a dormir en mi cama, sino que sin saber cómo me paraba al lado de la cama de mi mamá o de la Lela y el Tata y, temblando, en un estado casi catatónico, los miraba fijamente aún con la adrenalina a tope hasta que siempre alguno de ellos se despertaba, supongo que por mi presencia...o al menos eso quiero creer. Mientras tanto, seguiré oyendo a Sleep Terror.


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